jueves, 24 de julio de 2014

Dia 1: Tres días después


Diario de abordo, fecha estelar: tercer día.

Después de tres días en un paraíso como la Toscana (Italia) me digno a escribir. Mucho que contar y poco tiempo para hacerlo.

Lanzado a la aventura, yo como intrépido protagonista me embarco en un avión, después de dejar atrás controles y controles de seguridad. Una vez en el aire, cuento los minutos y el recorrido que he de realizar para llegar a la bella Toscana (con una breve siesta entre medio).
Durante mi aterrizaje sin problemas en Pisa, me sorprendo al ver la invasión de girasoles en un pequeño aeropuerto con apenas vigilancia (un contraste interesante con Barcelona). Al dejar el aeropuerto comienza mi primera gran hazaña, llegar sano y salvo a la toscana.

En este primera misión y por suerte para mi, dispongo de unas explicitas instrucciones proporcionadas por la futura anfitriona que espera mi llegada. En dichas instrucciones se especifican los tres trenes que debo coger y sus direcciones. El primero, solo salir del aeropuerto. A este me lleva un bus, hasta aquí todo parece sencillo, sin embargo cuando llego a la estación y espero durante una hora y media, decido preguntar para descubrir que nadie sabe por que vía sale  mi tren dirección Lucca. 

Caminando sin rumbo por el andén me dirijo a las maquinitas a comprar mi billete y para no variar demasiado aparece la ley de Murphy. Primero hago cola en una maquina, pero intuyo (y veo) que el hombre que intenta sacar el billete anda más perdido que yo, así que decido utilizar la maquina numero dos donde una mujer se pelea por conseguir un preciado trofeo, o mejor dicho un preciado billete. Después de media hora y ver que no avanza, decido volver a cambiarme de maquina, a partir de aquí ya se sabe que pasa, (lo de siempre) la mujer que peleaba con la maquina abandona la lucha y ahora yo hago cola en la primera maquina, mientras que la segunda es ocupada por unos nuevos compradores :D.

Con un billete como trofeo y una maleta de 20kg, vuelvo a subir y bajar escaleras (las que y ame he hecho 30 veces) hacia el anden 2 y 3. Una vez allí una mujer de acento británico me pregunta por mi tren, obviamente ando igual de perdido que ella, aunque tengo mi billete y soy feliz. Tras horas de espera y rozando la locura, me cruzo con un trabajador (que me hace caso y me entiende), el que amablemente me indica que el tren que busco está a punto de salir. La británica, su pareja, mi maleta y yo, nos lanzamos como perros a la carrera dirección a un tren que sale en menos de un minuto. Obviamente no fue así, después de una intrépida carrera esquivando gente y cosas, el tren tardo 20 minutos en arrancar.

Una vez en marcha me disponía a llegar a Lucca, envidia de cualquier estación por su toque "barroco" y abandonado, algo tradicionalmente preocupante en muchas estaciones italiana. Saturado de tanto arte y después de esperar 2h a mi nuevo tren (no confundir con el anterior al que también espere dos horas), y después de preguntando a cien trabajadores y mirar cientos de horarios cometo el error de comer un mísero bocadillo de salami (por tres euros con cincuenta).
A falta de 20 minutos de la llegada de mi tren llamo a Brooke (la anfitriona de la casa), no sirve de nada porque su velocidad de conversación y su acento americano es jodidamente complicado. Finalmente cojo el tren adecuado dirección Barga-Gallicano. Lo único que me preocupa ahora es como coño lo haré para volver a Barcelona sin perder el vuelo, tendré que salir un día antes…..

Una vez en mi destino, la belleza de la estación en plena montaña no es comparable a nada visto anteriormente, (ni a la de Lucca) estas es capaza de despertar mi lado más poético con un sol cautiva el corazón un viento que crea música capaz de conquistar los odios mientras que los ojos pierden la razón con un cielo azul un prado verde y unas nubes que decoran la copa de la montaña. La naturaleza en rima asonante vaya.

Fuera de la estación (por decirlo de alguna manera, ya que parecía más una humilde casita) un pueblo espera, y yo también, porque Brooke no llega. Cuando por fin aparece con un coche blanco de cuya marca no puedo acordarme me saluda le digo mi nombre y continua.... Si, me buscaba a mi pero por alguna razón que aun hoy desconozco no me recogió hasta que escuché una conversación por teléfono en la que mencionaba un "crazy spanish boy".

Una vez en el coche, me acomodo en un asiento mojado por la lluvia (por lo visto  no cierra nunca las ventanillas). Durante la subida, cruzamos montes y montañas por curvas y carreteras peligrosas, mal construidas a una velocidad temerariamente peligros, sobretodo cuando vienen coches de frente y ves pasar tu vida ante tus ojos. Rezar no sirve de nada... solo epseras que dicha conductora tenga las mismas habilidad al volante que Dani Sordo o el mismísimo Colin McRae.

En este hermoso trayecto ella habla, habla y habla, el problema, yo no entiendo absolutamente nada.

Una vez en la casa, lo increíble esta por venir. Un caserón de los más rural con el bosque como jardín, habitaciones como salas de estar y comedores como campos de futbol (sala). En ella esperan animales como inquilinos permanentes (3 cachorros de gato muy pesados por cierto y 2 perros) además de infinitas moscas. El desorden abunda, pero no importa, aquí todos son felices compartiendo una parte de su vida con la naturaleza. La primera norma es la tranquilidad, la segunda el relax.

Una vez instalado y tras intercambiar 3 palabras (son las únicas que entendí) vamos a buscar comida al "súper", deberían llamarlo "mini" (jeje), y en busca de los otros dos inquilinos, un joven de 19-20 años procedente de Liverpool llamado Josh y una chica de 27 años de procedente de Suecia llamada Anna.